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Si buscamos en un diccionario la etimología de la palara disciplina vemos que viene del latín, y es la composición de discere (aprender) y el sufijo ina (pertenencia); se deriva o relaciona con la palabra discípulo (“quien aprende o se deja enseñar”). Dado que no soy experto en lingüística, solo puedo señalar que la raíz tiene que ver con aprendizaje.

Señalo lo anterior para introducir una breve disquisición. Creo que nuestra cultura ha llevado a que este concepto haya adquirido una connotación negativa, como algo que se le impone a la persona. Por ejemplo, el solo nombre de Prefecto de Disciplina era suficiente para generar animadversión. Algo así como el policía del colegio.

En un video muy corto en YouTube (Rafael Nadal: Diestro o Zurdo), que es interesante en el análisis del apalancamiento en las fortalezas para buscar el éxito, o el desarrollo de alguna característica que no es fortaleza, el tío de Nadal explica como este tenista de talla mundial, diestro por naturaleza, aprendió a jugar tenis con la izquierda, alcanzando el altísimo nivel que aún hoy exhibe. Y dice su tío, quien es su manager: “si tu tienes inspiración pero no trabajas nada tampoco es posible llegar muy arriba….es mucho más formativo basarse en el trabajo que basarse en el talento”.

Creo que la mejor forma de entender la disciplina como un valor en sí mismo, y como un medio y no un fin, es analizar el caso de un artista marcial consumado. Mi impresión es que el artista marcial lo que logra entender bien es que la disciplina es un medio para alcanzar el mayor dominio posible de sí mismo. Imagino que es por ello que hacer pelear a un artista marcial es muy difícil, no tanto porque no sepa pelear ni mucho menos, sino porque sabe que en el momento en que se deja quitar el control de sí mismo, lo ha cedido a otro, y de ahí en adelante “se enreda”.

Así, la disciplina es algo que le permite a la persona alcanzar el dominio de sí mismo. Visto así, es una antítesis que se imponga, que sea algo “externo” al individuo. Si lo fuera, externo, sería un medio para el control social sobre el individuo. No digo que este mal. Pero no dejaría de ser un “cuerpo ajeno” que en la medida que “ahogue” al individuo, este lo repelerá. Creo que lo que se debe hacer es enseñar al niño a encontrar la disciplina en sí mismo, como una opción, que si la escoge le ayudará a ganar control sobre sí mismo. Y todo esto, para alcanzar niveles muy altos de excelencia. En breve veremos quizá el evento más  claramente ligado a la búsqueda de la excelencia, los Juegos Olímpicos. Aquel deportista, supongamos de 25 años, que conquista una medalla de oro, por más que su genética le haya ayudado, no lo habría logrado sin muchos años, por no decir unos 23, de trabajo sistemático y disciplinado, a niveles incluso extenuantes.

Asociando este tema con la vida de las personas en las empresas, recuerdo haber tenido que manejar lo que se llama disciplinariamente “sesión de descargos”. Antes de imponer una sanción disciplinaria a la persona (probablemente justificada), por fuerza había que llevar a cabo una sesión de descargos, donde el “acusado” podía explicar su comportamiento. Muchas veces era una mera formalidad, pues la sanción perdía validez si no se hacían los descargos. Hoy veo este asunto con crítica, básicamente por dos puntos: el sistema tenía implícita la violación (“trata a la gente como niños y se comportarán como niños”), y, perpetuaba la concepción del empleado como un ser incapaz de ganar control autónomamente sobre sí mismo.

¿Cuántos legados subsistirán hoy en día de los albores de la era industrial? ¿Tendrá todo esto algo que ver con lo que Gallup y otras grandes consultoras encuentran sistemáticamente en sus estudios sobre los niveles de compromiso de los empleados, en todo el mundo (que son sistemáticamente abrumadoramente bajos)?