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Leer el periódico el domingo es interesante, dado que hay tiempo y además, que se publican artículos de más fondo que entre semana. Pero: ¿cómo lograr no llenarse de pesimismo? Solo veamos una muestra de lo sucedido en los últimos días, en el país y en el mundo, cuyo recuento hace la prensa hoy.

En el mundo: Barcelona, se repite la historia de Niza el año pasado; qué fácil se muestra hacer terrorismo. Europa reacciona y se aumenta la polarización. Quienes promueven la contención de la inmigración ganan terreno. Venezuela: espantosa pantomima (payasos de circo de mala muerte), con un pueblo que sufre hambre mientras los corruptos perpetúan el saqueo. Estados Unidos: otro ‘payaso’ reacciona torpemente ante los sucesos nefastos de Charlottesville, que evidencian con creces el resurgir del racismo.

En el país: los escándalos de corrupción no cesan. Se estremece el país, muy tardíamente, ante las denuncias de profunda corrupción en las Altas Cortes. La justicia hiper corrupta, en total connivencia con los políticos y el gobierno de turno. Una economía estancada, con el chivo expiatorio de la caída de los precios del petróleo. Un país que avanza hacia unas elecciones cruciales, en medio de una profunda polarización, atizando odios en medio de un proceso de paz. Tamaña paradoja. Un país que hizo la paz con la guerrilla para dedicarse a la guerra entre polos del establecimiento.

Acude así a la mente la pregunta que hizo famosa una caratula de alguna revista gringa: ¿dónde están los líderes?

¿Quién saca un país del atolladero? Creo que es claro: solo un líder. Pero, un lider con estatura, con talla moral. Algo así como un F. D. Roosevelt (sacando a EEUU de la Gran Depresión), un Churchill (invitando a su pueblo a luchar para contener la gran amenaza hitleriana), un Ghandi (invitando a su pueblo a buscar la independencia sin acudir a la violencia, buscando que esta llegue por el desboronamiento “moral” del imperio), un Mandela (invitando a trascender el odio racial producto de un Apartheid de muchos años  y sufrimiento), un Lincoln (aboliendo la esclavitud a pesar de tener que atravesar una guerra fraticida). Alguien que “vuele más alto que el resto, que se eleve hasta donde vuelan las águilas y donde no llegan las aves de corto vuelo”.

Pero mi breve análisis tiene que ver con lo que este líder necesita hacer.

Acá hago una comparación, muy simplista. Con el hombre de la foto. Moisés (bueno, no es foto; es la estatua de Miguel Angel en Roma). Mis lejanos recuerdos de la historia sagrada (si, recibí mucha instrucción en religión, y no lo lamento) me dicen que lo que hizo Moisés fue llevar al “pueblo elegido” a la Tierra Prometida. A este concepto es al que le apunto.

Hace poco en otro blog hablé de la comparación con atravesar un desierto. Supongamos que uno por alguna circunstancia se vio abocado a atravesar un desierto. No hay retorno. Y empieza a caminar. No ve nada diferente a arena, en medio de un calor sofocante. No sabe si camina en círculo. Las noches son heladas, en brusco contraste con el día. Y camina y camina agotado. En muchos momentos desfallece, y ve como su mejor opción dejarse morir en medio del desierto. Y sin embargo, sigue.

¿Qué lo hace seguir? Hay momentos en que es más fácil rendirse que seguir. Acá es donde aparece el excelente concepto de TIERRA PROMETIDA. Hay un mejor mañana, hay un mundo mejor. Está más adelante. pero tiene un costo: hay que atravesar el desierto. Nada que valga la pena en la vida va a ser fácil.

El LIDER es ese Moisés que nos guía en medio del desierto. Que nos mantiene motivados con la ESPERANZA de una tierra prometida. de un mejor mañana. No le queda fácil. Así como a Colón se le sublevaron los marineros en su viaje a “la India”, así al líder le toca persistir, y mantener viva la esperanza de sus seguidores. Pero le ayuda el creer ferviente en las “promesas de un mundo mejor”.

Volviendo a la realidad nuestra: ¿de dónde vendría ese anhelado líder? ¿Podría fabricar un sueño volando al nivel de las aves rastreras, invitando a la polarización, al odio, a doblegar a quien piensa diferente? ¿Podría hacer “soñar” al país con una “tierra prometida”, pero no negándole que hay que atravesar el desierto? ¿Qué forma tendría esa tierra prometida? ¿Por ejemplo, un país donde “todos quepan”, donde a pesar de las profundas diferencias de opinión se puedan construir consensos que permitan canalizar las energías hacia grandes metas, como llegar rápidamente a pertenecer al selecto club de países desarrollados? ¿Donde se genere riqueza, pero sin avasallar a quien ya tiene, pero sin descuidar tampoco el propósito de sacar tanta gente de la pobreza?

Son las grandes crisis también las que permiten grandes soluciones. Pero insisto, necesitamos una brújula, y un gran navegante que nos congregue, nos invite a ser mejores personas, nos lleve a fabricar un sueño donde todos cedemos un poco en algo porque ganamos “un mucho”. Donde sin descuidar nuestro árbol nos concentremos en cuidar el bosque.

Colombia se dirige a una elección presidencial crucial. Ojalá aparezca ese “Moisés” que logre hacernos adentrar en el desierto a pesar de la dificultad, porque nos hace creer que si existe una tierra prometida.

De lo contrario, como dicen los jóvenes con una expresión que me encanta: PAILAS.