
En el twitter de Fortune del 16 de marzo reciente, se publica un interesante artículo de la periodista Lisa G. (I Was a Top Radio Personality, and Author, So Why Wouldn’t Anyone Hire Me ?), en el que narra las dificultades por las que atraviesa, a sus poco más de 50 años, al quedar cesante luego de ser una estrella de la radio. A partir de esta lectura, una corta reflexión respecto a este proceso, que dada la volatilidad del mundo empresarial moderno, casi que toda persona que sea empleada va a atravesar al menos una vez en su vida, independientemente del nivel de su cargo. Estas reflexiones las saco a partir de mi apoyo en coaching de outplacement de ejecutivos, en mi práctica de psicoterapia, y en mi experiencia de 25 años en Recursos Humanos (en las que muchas veces fui el ‘verdugo’, y dos veces fui la ‘víctima’).
Fusiones, restructuraciones, cambios de gerencia, desinversiones, obsolescencia de productos otrora estrellas, dificultades en la relación con un nuevo jefe….en fin, muchas variables que pueden desencadenar una salida de la compañía para la cual se venía trabajando, a veces después de muchos años. El proceso no es fácil de vivir para la mayoría. En general es toda una crisis, que golpea fuertemente la auto estima, la relación de pareja, la vida familiar. Esto se ve ejemplificado en la película protagonizada por Ben Affleck y Tommy Lee Jones, The Company Man (2.010).
Dentro de las varias dificultades que puede traer esta crisis está el efecto en el ego, la ‘pérdida’ de arrogancia (en sí misma, algo constructivo). Al estar empleado uno ‘se la cree’ que el mundo gira en torno a la empresa para la cual uno trabaja (“Soy Fulano de Tal, de XXXX”). Todos lo buscan a uno. Todos le pasan al teléfono. Y de repente, ya uno “deja de ser lo que fue”. Ya desempleado empieza a llamar conocidos, y con frecuencia no le pasan al teléfono. Busca uno contactos entre ex colegas para enviarles la hoja de vida, y nunca obtiene respuesta. Se siente uno como si estuviera pidiendo un aburrido favor: “le puedo mandar mi hoja de vida?”.
Ligado a este efecto está la casi implícita desvalorización de sí mismo en lo profesional. Y por ende, en lo personal. “Será que estoy sobredimensionado?”…”Qué hago, bajo mi aspiración salarial?”…”Creo que estoy muy viejo para el mercado”….”Hace mucho no actualizo mi hoja de vida….no se cómo hacerlo”.
Es fácil que venga una muy fuerte presión, por lo económico, por el mismo hecho de estar desocupado, por presión de la pareja que se angustia con la situación. Por el hecho de contestar y contestar avisos de empleo y no obtener respuesta.
En fin…el artículo de Lisa G. es un buen ejemplo.
La consultoría de outplacement es un proceso muy estructurado, muy estudiado, basado a mi entender en dos elementos: el concepto de ‘Buenas Prácticas’ (es decir, se estudia sistemáticamente qué hace en cada fase del proceso la persona que se reubica exitosamente), y, especialmente, se basa en conceptos y técnicas de mercadeo. Lo importante acá es que quien “mercadea” el producto, y el “producto en sí mismo”, son la misma persona. Y al principio es muy probable que la situación ponga pesimista al “gerente de mercadeo de sí mismo”. Como toda crisis, toca la identidad en algún grado, el concepto de sí mismo, tanto en lo profesional como en lo personal.
Como toda crisis, para muchos no es fácil de vivir. Implica una caída en el nivel de funcionamiento que se traía. La aceptación del momento inicial de esta crisis, con el fuerte componente emocional que suele traer, es crucial al inicio del proceso. Pero no va a ser el único momento difícil. En algún momento la persona se puede llenar de energía (“me llamaron a una entrevista”). Pero luego podrá venir, con mucha frecuencia, la frustración.
Cómo navegar estas turbulentas aguas con éxito? Por un lado, creo que un secreto fundamental es la combinación de constancia, paciencia y persistencia. El esfuerzo por reinsertarse al mundo laboral requiere mantener la determinación, la esperanza a pesar de los ‘no éxitos puntuales’. Hay que golpear muchas puertas, de las cuales muchas no abrirán, y de las que abran, muchas podrán volverse a cerrar. Pero hay que golpearlas.
Todo lo anterior para expresar mi mensaje: creo que como toda crisis es una oportunidad de redefinición de sí mismo, en este caso, en lo profesional. Redefinición y por ende, revalorización. “Cuales son mis fortalezas….dónde está mi talento…cuáles son mis principales valores, y cuanto quiero que se alineen con los de un potencial empleador…cuál es mi nicho….se trata de emplearme rápido, o de emplearme bien…cuál es mi valor agregado…..etc.?”.
El núcleo del proceso es esta serie de reflexiones, que deben revigorizar al individuo. No hay que preocuparse por actualizar rápidamente la hoja de vida y mandarla a la ‘topa tolondra’ a todo el que a uno se le ocurra. La elaboración de la hoja de vida es tan solo la fase final de una parte de todo el proceso, que se debe centrar en este diagnóstico de sí mismo y la consecuente revalorización.
Para cerrar vuelvo al inicio. En un mundo como el actual, volátil, incierto, ambiguo y complejo, donde cada vez más el concepto de empleado se hace más frágil, la persona tiene que aprender a centrar su valor en sí mismo, en su posibilidad de aportar. Esta es la esencia misma del emprendimiento. Aquel mundo del que venimos, donde ser empleado era signo de seguridad y estabilidad, ya no existe. Y además, tenía un pero….se basaba en un concepto un poco pobre del empleado sobre sí mismo; la esencia del paternalismo es la necesidad del otro de que sea la empresa – en este caso, pues el concepto también aplica para los países, como es el caso del Estado Benefactor, que hace crisis en Europa – la que se hace cargo del destino de la persona. Más difícil el mundo de hoy, pero más propicio para seres humanos que sepan luchar y encontrar en ellos lo mejor de sí mismos.