Continuando un blog previo, me concentraré en analizar los fenómenos que han surgido este año a raiz de la pandemia que “cambió al mundo”. Desde la perspectiva del consumidor, tema en el que si bien no soy experto, me resulta muy interesante. En este primer blog sobre el apasionante asunto que marcará el año 2.020, y sin pretender la profundidad que los conocedores tienen, analizaré algunos temas interesantes de la reacción inicial, con énfasis en la variable que por uno de mis oficios mejor conozco: la emocional (la que hace complejo al ser humano).

Recién empieza el año, empieza a aparecer crecientemente en los medios un asunto de algo que sucedió en China, y que gradualmente empieza a preocupar cada vez más al mundo. Aparece un virus nuevo en Wuhan. Las noticias hablan de un origen ligado a una sopa de murciélagos (no ahondaré en este tema). Con lentitud el mundo empieza a poner atención creciente a la situación. Pero se demora. Aparentemente se perdió tiempo precioso para declarar la expansión del virus como pandemia. Y la reacción defensiva del mundo quizá entonces se demoró. Es simple: la sorpresa fué enorme; al inicio prima la confusión.

Al principio seguí muy poco el asunto. Con escepticismo, lo reconozco. Pero creo que cuando Occidente empieza a ver el caos que se produce, particularmente en Italia y luego en España, se empieza a entender que hay un serio problema en curso. El virus es muy fuerte, y no existe cómo hacerle frente. No hay medicamentos para enfrentarlo, y menos, una vacuna. Esta última, en la que se deposita la esperanza, se sabe que se tardará muchos meses en llegar, por el lento proceso con que se desarrolla el descubrimiento de una vacuna. Si bien los científicos, laboratorios farmacéuticos, gobiernos y demás, se ponen frenéticamente en la tarea del desarrollo de esta, nadie realista espera que aparezca antes de varios meses.

Y llegan los epidemiólogos. Y viendo las tasas de contagio del coronavirus, que hacia febrero es bautizado como Covid 19, aparecen los pronósticos aterradores. La tasa de mortalidad puede llegar a ser abrumadora. Y no hay con qué hacer frente a la amenaza, y en particular, la vulnerabilidad se evidencia en la fragilidad de los sistemas de salud, en todo el mundo, para atender la creciente y enorme amenaza. No hay suficientes elementos para lidiar con ella (UCIs, respiradores, reactivos para pruebas de diagnóstico, etc)….el mundo entra en pánico. Aparece así la emoción fundamental para entender esta fase inicial. El pánico, aquella emoción que se comporta como una espiral ascendente y descontrolada, a partir de un miedo inicial – racional, que se desborda por completo.

Solo queda por lo pronto una variable para hacerle frente a esta terrible situación que se instauró de un momento a otro, y que coge a toda la humanidad con la guardia descubierta: las medidas de distanciamiento social.

Asustados, los economistas ven la situación. No hay más opción. Pero les preocupa enormemente el altísimo costo que esto puede traer para la economía. Algo así como que de repente el corazón deje de latir, sin haber muerto el organismo. Se ve muy oscuro el panorama. Pero este no es el momento de los economistas….es el de los epidemiólogos. Ya llegará el momento de los economistas, cuando haya que ‘resucitar’ el colapsado organismo.

Este es un momento muy interesante, desde el punto de vista de las crisis. La reacción inicial a una crisis es fundamental, pero es crucial neutralizar el pánico. Y esto se logra con preparación previa. Y este es un caso sorpresivo, fulminante, y respecto del cual no hay de donde aprender. Hay que aprender, como dice el verso de Antonio Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar…”….aprender haciendo camino.

Occidente se tarda en reaccionar.

Según se dice, China se demoró en transmitirle al mundo la información sobre lo que pasaba. Sin detenerse en este tema, muy ligado a aspectos geopolíticos, es interesante que cuando Occidente busca reducir la incertidumbre inicial, mira a China. Para ver cómo han manejado el problema. Por otro lado, una de las mejores reacciones la tiene Corea del Sur. Se enfoca en hacer tests para ver quién, sin saberlo, está contagiado. Y otras medidas relacionadas. ¿Cómo se explica esta reacción? Habían aprendido la lección de la epidemia del SARS que los afectó mucho en 2.003. Y Occidente también aprende de Corea del Sur

Mientras tanto, en Colombia….creo que la situación que se veía en los medios sobre la magnitud de lo que sucedía en España e Italia, que se sienten más cerca que China, empezó a subir los niveles de alerta. Y así vamos llegando a mediados de marzo, cuando Claudia López anuncia un simulacro obligatorio para prepararse para la cuarentena que viene, y a los pocos días, Duque nos envía a ese “eterno domingo” en que se convierte la cuarentena. De esa fase escribiré en el próximo blog.

Volviendo al tema central, el consumidor….en esta primera fase, sus emociones iniciales son el pánico, y ligado a este, la incertidumbre. Pero en un momento inicial el pánico se concentra en dos elementos: (1) el no contagio. Por ejemplo, esas filas de enfermos en los pasillos de los hospitales en España o la catástrofe que se ve en Guayaquil, generan enorme temor por quedar contagiado. Y, (2) el no tener qué comer durante los días que vienen. El temor al desabastecimiento, que se observa tan comúnmente en este tipo de situaciones (anaqueles desocupados luego de un terremoto, o cuando viene un huracán). Y se desatan dos tipos de compra, una más racional y la otra más irracional. La primera, la de productos que ayudan a disminuir la probabilidad de contagio (aseo, higiene, desinfección, limpieza, y todo lo que esté ligado), y principalmente, alimentos. Y la segunda, irracional no tanto por el tipo de compra sino por el desaforo, como se observó con la adquisición de papel higiénico, que se dió en muchas partes del mundo (foto).

Cadenas de retail como el Grupo Éxito, según relata en interesante entrevista Carlos Mario Giraldo, Presidente del GE, rápidamente buscan aprender capitalizando lo que han hecho cadenas en China o en Europa. Saben que la gran prioridad del momento es garantizar el abastecimiento.

Y ‘Juan Pueblo’ llena su despensa. Especialmente, para tener con qué comer o con qué desinfectar las cosas. Aún es muy temprano para él preocuparse por el tema de la economía. Por lo pronto el efecto no se nota, pues es posterior. Solo tiene mucha incertidumbre sobre el futuro: ¿Cuánto durará esta pandemia? ¿Qué pasará con el trabajo? ¿Resistirán los sistemas de salud, mientras llega la vacuna?

Y así, muy rápidamente, nos adentramos en la segunda fase, en la que es central aprender a vivir en un prolongado confinamiento. Lo cual la humanidad (actual al menos), desconocia. De esto ya escribiré en próximo blog.